lunes, 1 de junio de 2009

Suceso casi memorable. Los días invertebrados.








Marisol Vera
Para los poetas que vieron crecer el fuego en Jaumave

El texto adjunto a este mensaje, más que hablar sobre el Encuentro, es una continuación psíquica de las ideas que enarbolé en mi ensayo sobre el lugar común. Días de tribulaciones. Las experiencias aquí relatadas corresponden, esencialmente, a mi mundo interior. Quizá encuentre alguna rima psíquica –o bien, disonancia– entre quienes tengan el tiempo y el interés suficientes para sobrevivir a este sinuoso texto híbrido, plagado con mis obsesiones.

Gracias.

Rintrah ruge y sacude sus fuegos en el aire opresor.
Nubes hambrientas oscilan sobre el abismo
.
William Blake
Preludio
Palabras… una horda de palabras. Abejas dando vueltas en mi cráneo. Ningún resquicio para ver la luz y convertirse en Letra. La computadora encendida. La pantalla en blanco. Silencio. ¿En qué lugar extravié los remos del lenguaje?
Si los insectos de mi cabeza absorbieran, por fin, el néctar de las flores verbales, qué grandes metáforas endulzarían la mañana, qué gran ensayo acerca del Espíritu, del amor como caldera hirviente en la maquinaria del mundo.
¿El amor?...
Sólo hay quietud en este reino doméstico. Echado sobre un mueble de pino Igual que un féretro, me observa el televisor mudo, sereno, impávido; desde hace dos años lo único que proyecta su ojo convexo es el fantasma de la estática.
Mi hijo no sabe de conceptos, reclama el calor y la humedad del seno. Clic. Oscuridad. Silencio.

Lunes 27 de abril
Un vientecillo pardo aletea en la Plaza de Armas. Improvisados letreros en hojas de papel corriente puntualizan “higiene”, “gripe”, “salud”. Remolinos de muchachos pululan, sediciosos, entre calles asoleadas. ¿De dónde salió esta especie de zombis con medio rostro cubierto de azul?
“Sólo Dios puede salvarnos –una anciana de ojos saltones roza mi hombro–, pídale a Dios que su bebé no se contagie”.
Todos, sin duda, han enloquecido. ¿Qué le pasó a Tampico mientras la realidad se comprimía entre los sosegados muros de mi apartamento? ¿Habré llegado, como en mis peores pesadillas infantiles, a un universo paralelo donde un extraño parásito infecta el cerebro de las personas y hace que empiecen a devorarse unas a otras? Como sea, lo más sensato es regresar a casa.

Enciendo la radio, mi pequeño surtidor de noticias: invisible y despiadado camina sobre la Tierra el Ángel de la Muerte, el mismo que en tiempos de Moisés acabó a los primogénitos egipcios, que en el Medioevo echó 25 millones de almas al costal de la peste negra y recién entrado el siglo XX se llevó, triunfal, a otros tantos con el cuerpo atascado de fluidos.
¿Qué decía el señor Hawking sobre la superposición de historias posibles? Y aquello de las realidades alternas. Al abrir la puerta aumento el número de variables que afectan mi futuro, y el futuro de todos los universos donde existen otras versiones de mí –si fuera un físico teórico obsesivo creería que la Marisol de algún alter mundo acaba de ingresar a un hospital con los pulmones hinchados.

Martes 28 de abril
La Avenida Primero de Mayo está menos transitada que de costumbre. No veo por ningún lado la llave, la palanca, el cincel capaz de liberar el texto atrapado en mi cabeza. La fe. La fe como base del espíritu. El misterio como alimento de la fe. ¿Hay misterios en esta época? Por eso te has quedado sola, por ver misterios donde nadie más los ve.
Un tímido estornudo y Haku se frota la nariz. En el solitario estanquillo los periódicos rezuman el olor de la muerte. Me echo al bolso la más reciente edición de Letras libres: “Si Dios no existe”. Siento la proximidad del Vacío. ¿Acaso se dirige a algún lado el Yo cuando las neuronas finalizan su acto biológico? La palabra Pandemia. Una fibra muy íntima me dice que no puede estar ocurriendo. Me anega la misma sensación de incredulidad que, cuando niña, murió en mis manos un ave y, ya en la orilla de mi adolescencia, un árbol muy amado. ¿Cómo puede algo, en un instante, dejar de ser?
Haku se repliega contra mi pecho como planta trepadora. Miro de soslayo los coches, las paredes, el cielo. Densas nubes flotan en la atmósfera. De pronto me arde la garganta.

Llego a casa con urgencia. Voy al cajón de mi archivero: sí, hay suficiente amoxicilina.

Miércoles 29 de abril
El mediodía tarda en llegar; finalmente aterriza en mi ventana como un pájaro ebrio.
Observo la lenta respiración de mi hijo, la luz oblicua sobre sus párpados cerrados. El sol me hiela los huesos. Ráfagas de incertidumbre. Reverbero aquel dolor cuando Haku era un bultito de seis milímetros en mi vientre y los calambres no se iban, y la matriz no dejaba de sangrar. Una caída. Los mareos. El aire salado… Un delgadísimo filo en la boca del estómago.
Mi teléfono pronto estará en coma. Una línea roja se extingue lentamente en la pantalla. Vibra una voz familiar en la bocina: “Nuestro país es un circo, somos protagonistas de una gran comedia”. Mario desconfía de todo (o casi). Vendrá a verme mañana.
El color rojo se evapora.
Silencio.
Mis dedos van hallando su ritmo –por fin– en el teclado de la computadora. “Las masas están sedientas de virtud y depravación, de belleza y fealdad, de placer y tormento. Se les vende fácilmente cualquier cosa”.
Exploro la edición de Letras libres, las anotaciones que hice ayer en los márgenes de las hojas, lo que dice Weinberg sobre la posibilidad de un mundo sin Dios. A la ciencia no le hace falta lo sobrenatural para entender el Cosmos.
¡Vaya! Creí que Dios no era sobrenatural sino la naturaleza misma; las leyes físicas, sus manifestaciones cotidianas.
Dios es el Orden; las galaxias, neuronas de su titánico cerebro.
“Este colosal intelecto –apunto– nada tiene que ver con nuestros temores y deseos: pecado y virtud; Paraíso e Infierno; el anhelo de inmortalidad, la zozobra ante el fin de la conciencia”.
El señor Weinberg dice no entender “esa suerte de espiritualidad” descrita como “un sentimiento de comunión con la naturaleza o con toda la humanidad, y que no implica creencias específicas en torno a lo sobrenatural”. Yo, en cambio, no logro comprender otra espiritualidad que no sea la correspondencia con Natura y el desarrollo elevado de la capacidad de amar.
¿Qué la idea de Dios es contraria a la razón? ¿Pero, no es Dios el gran matemático?

Jueves 30 de abril
La presencia de Mario llena de luz la casa. Me gusta la forma en que su hija entra despacio, sin saludar, mirándome de reojo con una media sonrisa; se está recuperando de una gripe, lejos de los hospitales, por supuesto (no es agradable que otros conviertan a nuestros hijos en estadísticas).
A Haku le complace tener a quien arrojarle su pelota –que en realidad no es pelota, sino un globo terráqueo hecho de cartón.
Mientras los niños cambian la órbita del planeta, mi hermano y yo deambulamos entre las ideas. Que por qué el ser humano necesita del mito para sobrevivir, que si el germen de la credulidad brota de las religiones; que no era el Ángel de la Muerte sino el Ángel del Absurdo –con el permiso del señor Poe–, ¡qué virus más peligroso es la ignorancia!, y nuestros gobernantes no parecen muy interesados en vacunarnos contra ella...
Durante una hora y media construimos una sociedad sin presidentes, sin iglesias, sin sacerdotes, sin dogmas, sin miedos, sin influenzas.
El amor (decimos).
La próxima vez, frente al teclado, escribiré que el amor es lo único que puede sostener con dignidad nuestra existencia. “El amor, en un ciclo vital con el Conocimiento, nos conduce a la aceptación de la vida.” ¿Pero qué es la Vida? Dolor, placer, encuentro, soledad, disolución…
Antes de que el globo terráqueo anote un gol en la eternidad haré la pregunta: ¿por qué tenemos religiones si no porque nos resulta insoportable la idea de estar solos, de despojarnos, algún día, de nuestra conciencia individual?
Al abrir la puerta, Mario deja que la luz se le desmorone de la piel hasta quedar regada en el suelo como un polvo turquesa. Mi sobrinita va detrás. Un zumbido aguijonea mi pensamiento. Haku, adormilado, manotea para alejar de mi frente a las etéreas abejas.

Viernes 1 de mayo
Un viento frío me mordió los labios en la madrugada. Una de esas pesadillas filmadas en tecnicolor, con muchas escenas fatigosas. Fornicaciones en celdas oscuras. Hombres mutilados arrastrándose como larvas. Lluvia de sanguijuelas en árboles rotos. Esos sueños donde te sientas en una butaca, mirando con náusea la pantalla de otra realidad, y no puedes cerrar los ojos ni cambiar la cinta.
No hay nada sobrenatural en ello. Ni en esas mujeres de tez blanquísima y rugosa que flotan en mi cabecera, ni en la otra Marisol que se desdobla en el muro, cubierta de raíces y polvo, a punto de despeñarse sobre…
Cof. Un zombi tapándose la boca, afuera. Mi ventana es el párpado de un circo monstruoso. El mecanismo de la civilización gira con sus oxidados engranajes de púas: coches, mercaderes, gatos, aviones, bultos de oro y más oro desperdigándose por las cloacas.
La Palabra. El Abismo.
“La Realidad es una bestia mitómana. ¿Quién puede domeñarla, cabalgar en su territorio con dignidad, transfigurarla, debatirla, exprimir los sentidos y el intelecto?”

Haku. Oigo sus mínimos resuellos. Con una mano ahuyento a los fantasmas que revolotean sobre su testa.
Otra vez la imagen de Dios.
Dios, el matemático. Dios, el ajedrecista. Dios, el políglota. ¿Cómo cantaba el Poeta? Nadie puede ser amigo del Dador de la vida…

Una sílaba arrebata el aire. Haku, en medio de la cama, sonríe. Sus dientes parejos del color de la Luna brillan con luz propia. Parece mirarme desde adentro de un espejo, en lo más hondo del océano, saber algo que yo jamás…
Lenguaje. Los fonemas se me deshacen entre los dedos. Haku. La electricidad sacudiendo una pantalla vacía. De nuevo vacía, como al principio. Tal vez el Universo sea sólo lenguaje. Un sueño de palabras. Una sed inmensa. El zumbido de abejas azules estrellándose en el polvo…

Cd. Madero, Tamaulipas. Mayo de 2009

viernes, 1 de mayo de 2009

Otra vez Bienvenidos



Durante dos días de abril nos encontramos 19 escritores entre el follaje y la hoguera, allá en Jaumave, en la poesía.
A partir de hoy, el encuentro, Los Santos Días de la Poesía, continuará de manera virtual. Con la presente actualización inauguramos esta nueva etapa que busca no perder ese “tiempo y territorio propio para la reunión reflexión y diálogo con el viento a favor de la poesía” que recién fundamos.
Los textos que se presentan abordan cinco visiones personalísimas de una misma experiencia:

La fogata de la santa noche ... Norailiana
Retiro ... Ruth Martínez Meráz
De santos y poesía ... Erika Said Izaguirre
La palabra viva ... Minerva Castillo
El fuego también renace ... Carlos Acosta

Agradezco a todos de antemano su entusiasmo vigente, no se suelten, la ronda apenas comienza a girar.

Celeste Alba Iris

Cd. Victoria, Tamaulipas a 1 de Mayo 2009.

La fogata de la santa noche








Por Norailiana

Las llamas danzan en torno nuestro, es la hora de la fogata… No se trata del “aquelarre”… si acaso lobos que aúllan a la palabra intentando que no se pierda… Los poetas acuden al llamado… llegan todos con la metáfora zigzagueando en los labios… y Celeste… la Celestina necesaria entre la palabra y ellos… ¿qué pensará Celeste?


El reloj se tragó la espera… las bocas comienzan a destilar sentimientos: amores, desamores; encuentros, desencuentros… brincan las almas desnudas en las desnudas voces… los corazones se repliegan en la boca…

Salvo la voz que rompe el silencio, todo es calma… los grillos, cómplices del desvarío del poeta, obsequian el fondo musical… todo es propicio, el marco perfecto para la noche perfecta… De pronto, de alguna parte aparecen una bella forma femenina llena de melancolía y ganas de estar entre los brazos de alguien, exhala unas notas… no es La Celestina, esta vez no… no la hermosa y apesadumbrada Lety… no Marisol, no Erika, no Cynthia, no Linda, Ruth, no Lorena, Minerva, Lizzeth, Carmen o Norailiana… con doble “i” ¡qué va…! No es ninguna de ellas… es una, llena de cuerdas y acordes, que gime entre los cirujanos dedos de Carlos…
Y aparece el sagrado elixir de cebada, el delicioso elixir del agave y otros ... El reloj se traga las horas… los poetas locales y “extranjeros” están exhaustos… la jornada para llegar al lugar del encuentro ha sido bastante agotadora… sin embargo, nadie se mueve… acaso Alejandro Rosales que se fue con sus poéticas pinceladas a otra parte… Más tarde Lety, después Fernando… Marisol, quien amenazaba el retiro temprano… se fue temprano… las seis de una mañana diferente la encontraron de cara a su cabaña…
El domingo apareció lleno de promesas para los poetas… los que llegaron primero desayunaron rico y con calma… los que no… esperaron a la hora de los santos alimentos de medio día…
Antes del fin… Leticia presentaba con su voz de manantial al pintor-poeta, o al poeta-pintor, el gran Alejandro, el de los mitológicos unicornios, el que con su bodegón, la noche anterior nos hiciera saborear matices, colores y texturas auditivas… dando paso posteriormente a la joven voz de Juan Miguel…h
aciendo recetas para un pay de manzana; describiendo a la “la mujer perfecta”… mientras Linda homenajeó a los lobos en una sinonimía con el hombre… y el reloj seguía tragándose en tiempo…
Irremediablemente, la clausura… nuestra Celestina tomando nuevamente posesión de la palabra para el ritual último… los reconocimientos y la memoria de LOS SANTOS DÍAS DE LOS POETAS…
Pero faltaba “Chacuas”… ¿dónde está? Era la pregunta… Alejandro Ramírez había sucumbido al santo, al bendito elixir… y sin embargo se sobrepuso… llegando a recoger lo que por derecho le correspondía…

La promesa de regresar mantiene viva esa llama… del reencuentro de los poetas… y el viento a favor de la poesía…

Fotografías de Norailina, Ramiro Rodríguez y Víctor Hugo Olivares

Retiro

Por Ruth Martínez Meráz

Dudé por unos instantes si asistiría al retiro poético, mis actividades seculares lo hacían parecer imposible, estaba acercándose la fecha y aún no me decidía a depositar o no el importe de mi inscripción. Una serie de eventos se desencadenaron alrededor de mí, cuando el destino ya está escrito es imposible evitarlo, y se dio.
Ahí estábamos, varios poetas, tan diferentes uno del otro, dispuestos a compartir el pan y la sal de la poesía, sin poses arrogantes, llenos de humildad y camarería, las actividades bien planeadas por Celeste Alba Iris, y la participación de cada uno de mis compañeros, retroalimentó mi ser poético. Alejados de la urbanidad, inmersos en un retiro casi espiritual (porque la poesía alimenta el espíritu), pasamos un fin de semana en el lugar común de cada poeta…su creación literaria en sus diferentes manifestaciones. Ahora, después de esta experiencia, me enorgullezco ser partícipe del inicio de una tradición cultural que busca convocar a todos aquellos escritores deseosos de ser escuchados, no para su egocentrismo, sino para dejar huella en sus lectores, reconociendo que su creación no ha sido en vano.



Fotografías Ramiro Rodríguez y Víctor Hugo Olivares

De Santos y de Poesía.












Por Erika Said Izaguirre


Un agradecimiento a Celeste y a todos los demás,
en especial por las amistades que en la ex-hacienda germinamos.


Todo comenzó en el blog, cuando algunos nos dimos a la tarea de ir identificando las caras con sus nombres, y así no resultar tan extraños. Aunque para mí comenzó meses antes cuando vi la convocatoria en Tampico Cultural. La idea de asistir maduró una noche jalapeña donde me encontré invitando a escritores de todo el país a participar en esto que yo consideraba un encuentro más de artistas (de esos que implican estar en una sala todo el día y en la noche regresar solitario al hotel). A mi propuesta sólo obtuve un sí certero, de -qué casualidad- un tamaulipeco laredense. Entonces fui entendiendo de lo que se iba a tratar: encontrarme con las raíces que ya traía algo despegadas de mi suelo tamaulipeco. El título del encuentro se fue explicando per se, los santos días en las cabañas, la compañía de poetas para comer, cenar y desayunar -vamos, hasta para dormir-, la lectura de poesía entre follajes y fogatas, con el sol y la luna como testigos. Pero cual experiencia mística, la santidad sólo se vive una vez que has hecho algo memorable, un evocar a los muertos consagrados, como Alejandra Pizarnik, un ensayo de subjetividades que le dan cuerda al ratón de nuestro cerebro, quizá unos poemas inspirados en el lugar común, en mi caso una investigación que me costó varios insomnios.
Sabía que causaría polémica, esos temas siempre lo hacen, pero me gustó haber puesto en la mira un tema del que casi no se habla, así como me gustó aprenderles lo que casi nunca hablo yo. Y es que no había reparado en que sería la más joven; llegué hasta ahí limpia de prejuicios, sin especular que me toparía con un montón de gente más o menos sabia, cada cual en su área de mayor experiencia: que las letras, que el rock, que el arte visual, que la maternidad. Unos me recordaron a mis maestros de Letras, tocados ya por las canas, otros todavía irrigados en las polémicas de lo actual, pero todos (quiero pensar) del tipo de quienes aún saben lo que era escribir a máquina, no como yo, que la considero pieza de museo. Así entre lo visto y leído, oído y visto y analizado, descubrí detrás de esos escritores –y no sólo mi intuición me permite decirlo- a personas que algún día fueron jóvenes como yo, que traen puestos como segunda piel a los muchachos idealistas que también fueron alumnos, que ahora son maestros, editores, vegetarianos, trovadores, mujeres a contraluz de la hoguera donde en otro tiempo nos hubieran quemado, madres y padres de familia, amigos, amantes, músicos, poetas y locos.
La vida es sólo una, y durante esos Santos días, la poesía se hizo ninfa del bosque, el verbo se hizo carne, se me permitió discernir lo que hay detrás de un poeta: el humano, los sacrificios, la sed de reconocimiento, el esfuerzo calcado en cada una de sus composiciones literarias, la apertura hacia lo nuevo y la vista bien puesta hacia el pasado, cuando para ser poeta no se necesitaba de una computadora o de ser malhablado, sino, como hasta ahora, de un puñado de lecturas, una simple pero inefable obligación con el arte, un árbol milenario (sí, como El Abuelo) inspirando unos cuantos versos, y un estar rodeado de colegas, que sin importar su tendencia, su currículum o lo que hayan recorrido del mundo –también del mundo de las letras-, se comparten opiniones y se pasan las tortillas en la mesa. Algo así como juntar a Octavio Paz, Elena Garro y Julio Cortázar en un departamento de París, compartiendo allá muy lejos, su escritura y su latinidad; fuimos un copo de tamaulipecos participando nuestras experiencias y reflexiones, el día, la noche y (como era de esperarse) nuestro amor por la poesía.

Fotografías de Víctor Hugo Olivares

La palabra viva









Por Minerva Castillo



-¿A que te dedicas?
-Soy Poeta
-No, ¡en serio!...


En la sierra,
lejos,
en mitad de la nada,
la nada con árboles,
con armonía de pájaros,
bugambilias de colores,
y la palabra viva,
en voces distintas,
reunidas por el poema.


La noche
crepitar furioso,
lenguas de fuego,
poemas que incendian,
preciso de ti,
ardo en llamas azules,
y lloro.

Fotografías de Joaquín Peña y Ramiro Rodríguez