miércoles, 1 de febrero de 2012

Tula sede de LSDDLP 2012

Yo Como de Tula Soy…Tula Traigo en Mi Memoria
Por Francisco Ramos Aguirrre

La magia de Tula, Tamaulipas se respira en sus calles estilo colonial, arquitectura típica norestense del siglo XIX, artesanías de barro y piel, cueras de vestir, mercado popular de productos regionales, sabores, olores y deliciosas recetas de su gastronomía típica. Sobre todo, dicho encanto se manifiesta en la amabilidad de su gente: sencilla, jovial, hospitalaria. Además, el clima de este rincón geográfico, donde el poeta Manuel José Othón se inspiró para componer El Himno a los Bosques, es uno de los más benéficos del noreste mexicano.Tula representa el hechizo de vivir el pasado en la actualidad. Es un túnel del tiempo.
Comparable por su ambiente con San Miguel Allende, Guanajuato; después de siglo y medio de construcción, sus edificios se mantienen casi intactos. Los sillares, adobes y ladrillos, convertidos en residencias, edificios públicos, plazas y comercios, son un verdadero patrimonio cultural edificado. Tula es una ciudad habitable, integrada y armónica; similar a la pureza de su agua de manantial. Pobladores y turistas conviven cotidianamente con los elementos propios de los antiguos barrios. Cada uno tiene a su alcance una pequeña tienda de abarrotes, panadería, tortillería, botica, molino de nixtamal y centros de trabajo. Las mujeres, son autosuficientes y contribuyen a la economía desde su hogar. De sus hornos panaderos, emergen panecillos, pemoles, chichimbré y arepitas para el consumo familiar. Cultivan plantas de ornato, cactáceas y medicinales; laboran en los comercios ydedican a la confección y tejido de textiles. Por algo, a principios del siglo XIX el viajero norteamericano Joel Poinssett las calificó de pulcras, elegantes y hacendosas. Aunque de la época colonial, como dice Gastón Saldaña: “…nomás permanecen los cerros.”
Al estilo de España, esta población enclavada en las faldas de la Sierra Madre Oriental, rige su vida social en los barrios. Estos surgieron de acuerdo a oficios y elementos de pertenencia: Las Piedras de Amolar, por la abundancia de rocas grisáceas para afilar cuchillos, machetes, tijeras y diversos utensilios de trabajo. El Jicote, por los insectos, moscos y avispas de temporada; La Pila, por su venero de agua cristalina de uso doméstico; La Estrella porque las calles están diseñadas en tijera; El Divisadero porque desde ahí se divisa todo y El Cerro de La Campana. Estos lugares inspiraron a Francisco Manuel Saldaña Montiel y les dedicó unos versos:




Sin perder la misma huella,
yo llegué cuando pardeaba,
porel Barrio de La Estrella,
ya merito me estrellaba,

mi camino me fui andando,
pero luego me olfatearon,
muchos perros en La Pila.
de a montón se me apilaron.
Con el alma entre las manos,

por tan recibimiento,
me interné por El Jicote,
a buscar alojamiento.




Durante el porfiriato y parte del siglo XX, operó un casino donde se reunía lo más granado de la sociedad tultleca. Así lo refiere Gastón Saldaña, aficionado a la historia, coleccionista y uno de los personajes emblemáticos más apreciados de la comunidad: “En 1900, sesenta hacendados y comerciantes se reunieron y cada uno de ellos aportó cincuenta pesos para adquirir la propiedad en tres mil pesos a Ignacio Treviño. Había tertulias y momentos de esparcimiento. Funcionó diez años, hasta que se vino la gloriosa Revolución y le partió todo…no nada más al casino…a todo el pueblo. La gente salió huyendo porque había que salvar el pellejo. Entre 1929-1948 se reestructuró la asociación y emitieron nuevas acciones. Había reinados y se instaló la escuela secundaria.”
San Antonio de Padua, patrono de los tultecos, es muy milagroso. Las mujeres rezanderas y devotas a este santo, se casan porque se casan. “Se le debe rezar todos los martes para que cumpla el deseo, pero no se debe colocar de cabeza. Es una cuestión de fe y leyenda, originaria de España. Para que encuentres pareja, el día trece de junio, se acostumbra llevarle trece moneditas del mismo valor a San Antonio.”
Por todo ello y mucho más, la Secretaría de Turismo y el gobierno de Tamaulipas lo elevaron a categoría de Pueblo Mágico. La mayoría de sus pobladores, sabe lo que esto significa porque es un sueño largamente acariciado, desde la década de los noventa de la pasada centuria.



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